En noviembre de 2023, la junta directiva de OpenAI, una corporación de beneficio público de inteligencia artificial estadounidense con sede en San Francisco, destituyó a Sam Altman de su cargo como director ejecutivo. La junta citó una falta de confianza en su liderazgo, pero lo reinstaló cinco días después tras una reconstrucción de la junta y una amenaza de casi todos los empleados de renunciar. El episodio se convirtió en un evento importante en la historia de OpenAI y de la industria más amplia de IA generativa.
OpenAI había sido fundada en 2015 como una organización sin fines de lucro, con Altman como copresidente, y más tarde creó una subsidiaria con fines de lucro con límites para atraer inversiones. Para noviembre de 2023, la empresa era líder en el desarrollo de modelos de lenguaje de gran escala, habiendo lanzado ChatGPT en noviembre de 2022, lo que catalizó el auge de la IA. La destitución y reinstalación destacaron las tensiones entre la misión original de la empresa de garantizar que la inteligencia artificial general beneficie a toda la humanidad y las presiones comerciales de su asociación con Microsoft.
Antecedentes y tensiones en la junta
Antes de la destitución, la junta de OpenAI estaba compuesta por seis miembros: Altman, Greg Brockman, Ilya Sutskever, Adam D'Angelo, Tasha McCauley y Helen Toner. La estructura de la junta era inusual, ya que la organización sin fines de lucro OpenAI, Inc. controlaba la subsidiaria con fines de lucro, y a la mayoría de la junta se le prohibía tener participaciones financieras en la empresa. Este arreglo estaba destinado a preservar la responsabilidad fiduciaria de la organización sin fines de lucro hacia su estatuto.
Las tensiones se habían acumulado en torno al ritmo de comercialización y las prácticas de seguridad. Algunos miembros de la junta e investigadores, incluido Sutskever, que lideraba el equipo de superalineación, expresaron preocupaciones de que Altman estaba priorizando el despliegue rápido de sistemas de IA sobre la seguridad. En los meses previos a la destitución, hubo desacuerdos internos sobre la dirección de la empresa, incluido el lanzamiento de GPT-4 y la introducción de suscripciones a ChatGPT Plus.
La decisión de la junta
El 17 de noviembre de 2023, la junta celebró una reunión y votó para destituir a Altman como director ejecutivo. La declaración oficial, publicada más tarde ese día, decía que la junta había "perdido la confianza en su capacidad para seguir liderando OpenAI", citando que Altman "no fue consistentemente sincero en sus comunicaciones con la junta". La junta no proporcionó más detalles, y Altman no estuvo presente en la votación.
Greg Brockman, el presidente y cofundador, fue destituido de su papel como presidente de la junta, pero inicialmente permaneció en la empresa. La junta nombró a Mira Murati, la directora de tecnología, como directora ejecutiva interina. Murati se había unido a OpenAI en 2018 y había sido responsable del desarrollo de ChatGPT y DALL-E.
Reacciones inmediatas
La noticia de la destitución de Altman se difundió rápidamente, y la reacción fue inmediata. Microsoft, que había invertido más de 13 mil millones de dólares en OpenAI, fue aparentemente tomado por sorpresa. El director ejecutivo de Microsoft, Satya Nadella, expresó confianza en la asociación, pero dijo que no había sido informado de la decisión de antemano. El precio de las acciones de Microsoft cayó en las operaciones posteriores al cierre.
Dentro de OpenAI, muchos empleados estaban conmocionados y enojados. El 18 de noviembre, Brockman renunció a la empresa, y varios investigadores senior siguieron su ejemplo. Surgieron informes de que Altman estaba en conversaciones con la junta para regresar, pero esas negociaciones se rompieron durante el fin de semana. El 19 de noviembre, Microsoft anunció que Altman y Brockman liderarían un nuevo equipo de investigación avanzada de IA en Microsoft, y que otros empleados de OpenAI podrían unirse a ellos.
El ultimátum de los empleados
El 20 de noviembre, una carta firmada por casi todos los aproximadamente 770 empleados de OpenAI fue entregada a la junta. La carta exigía la renuncia de los miembros restantes de la junta y la reinstalación de Altman y Brockman. Amenazaba con que, si la junta no cumplía, los empleados renunciarían y se unirían al nuevo equipo de Altman en Microsoft. Los firmantes incluían a Sutskever, que había votado para destituir a Altman pero luego expresó arrepentimiento, y a Murati, la directora ejecutiva interina.
La junta inicialmente resistió, pero la presión resultó abrumadora. El 21 de noviembre, la junta anunció un acuerdo de principio para que Altman regresara como director ejecutivo. La junta fue reconstituida, con nuevos miembros como Bret Taylor, Larry Summers y Adam D'Angelo, que permaneció de la junta anterior. La nueva junta se amplió para incluir a un representante de Microsoft, aunque sin derechos de voto. Altman y Brockman regresaron a sus puestos, y Murati reanudó su papel como directora de tecnología.
Consecuencias y análisis
La destitución y reinstalación fueron ampliamente analizadas como un fracaso de gobernanza. Los comentaristas señalaron que la estructura de la junta, diseñada para garantizar la seguridad sobre las ganancias, no había podido gestionar el conflicto entre la misión de la organización sin fines de lucro y los intereses comerciales de la subsidiaria con fines de lucro. El episodio también planteó preguntas sobre la influencia de Microsoft, que tenía una participación minoritaria sin derecho a voto pero era el principal inversor y proveedor de la nube.
En los meses siguientes, OpenAI realizó cambios en su gobernanza. La junta fue ampliada, y se agregaron nuevos miembros con experiencia en tecnología y políticas. La empresa también continuó su rápido crecimiento, lanzando nuevos modelos y productos. Sin embargo, el episodio contribuyó a un debate más amplio sobre la seguridad de la IA y la responsabilidad de las empresas de IA.
Impacto en la industria de la IA
La destitución tuvo efectos significativos en la industria de la IA. Destacó la fragilidad del liderazgo en las principales empresas de IA y el potencial de conflictos internos para interrumpir las operaciones. También subrayó la importancia de la lealtad de los empleados y el poder de la acción colectiva en las empresas tecnológicas.
Varios empleados de OpenAI que se fueron durante la turbulencia fundaron o se unieron a empresas competidoras de IA. El episodio también intensificó el escrutinio de las prácticas de seguridad de OpenAI, lo que llevó a una serie de renuncias en 2024 de sus investigadores de seguridad de IA, que citaron una despriorización de la seguridad.
Legado
La destitución de Altman se convirtió en un caso de estudio en gobernanza corporativa y ética de la IA. Fue cubierta extensamente en los medios y analizada por académicos y expertos de la industria. El evento se cita a menudo en discusiones sobre los desafíos de equilibrar innovación, seguridad y ganancias en el desarrollo de inteligencia artificial.
En los años siguientes, OpenAI continuó evolucionando, eventualmente reestructurándose como una corporación de beneficio público y presentando una solicitud de oferta pública inicial en junio de 2026. El episodio de noviembre de 2023 siguió siendo un momento definitorio en la historia de la empresa, ilustrando tanto el poder como el peligro de su estructura corporativa única.